Desde 1890, nada menos que cuatro generaciones han dejado su huella en la historia de la bodega Pieropan, cada una de ellas con aportaciones diferentes en relación con los tiempos y las épocas, los conocimientos y el espíritu empresarial. Un camino que hunde sus raíces en el tiempo y que inevitablemente ha marcado también la historia de todo un territorio, el de Soave y sus vinos.
Todo comenzó a finales del siglo XIX -en 1880 para ser exactos- con Leonildo, un médico que, impulsado por sus conocimientos de biología y química, eligió trabajar en los viñedos y la bodega de la familia. Sus hijos, Fausto y Gustavo, continuaron el trabajo con infinita pasión y amor, pero la impronta fundamental la dio Leonildo, nieto del primer fundador, que con un estilo único y una vocación innata revolucionó la empresa. La convicción de la centralidad del viñedo, la búsqueda incesante de la excelencia cualitativa y la renovación de los procesos de vinificación siguen caracterizando la identidad más profunda de Pieropan. El amor por la tierra, la conciencia del valor de la tradición y una herencia familiar transmitida a los hijos Andrea y Dario que, junto a sus padres, hacen que Pieropan siga siendo un referente para toda la denominación gracias a unos vinos únicos, elegantes y longevos como pocos blancos italianos.
En el viñedo, las hileras se dividen en tres parcelas distintas, Vigneto Calvarino, Vigneto La Rocca y Vigneto Monte Garzon, que en conjunto ocupan 65 hectáreas, para una producción media anual de 450.000 botellas. Respetando al máximo el equilibrio entre el medio ambiente, la naturaleza y el ecosistema, las normas agronómicas se ajustan al protocolo de la agricultura ecológica, y las uvas que se recogen de una temporada a otra son siempre finas, ricas y directas.
En la bodega, la tradición y la modernidad conviven en estrecha simbiosis, y cada fase de la producción, desde el prensado de la uva hasta la vinificación, desde la crianza hasta el refinamiento, se controla escrupulosa y cuidadosamente, para producir vinos simplemente excelentes. Las etiquetas de Pieropan son de la máxima calidad posible: desde el Soave Classico hasta el Ripasso y el Amarone della Valpolicella, sin olvidar el Spumante Rosé "Ghes", todos ellos vinos que hay que probar sin dejar de lado ninguno.